El nombre Esmeralda deriva del griego “smáragdos” y significa “piedra verde”.

Debe su color a restos de cromo, vanadio y hierro, cuyas variadas concentraciones ofrecen una extraordinaria gama de verdes.

Las Esmeraldas muestran inclusiones visibles, se trata de partículas de sólidos o liquido, o a veces gases que se alojan en el interior de la Esmeralda durante su proceso de formación.

Son un signo particular e identificativos para reconocerlas: estas “manchas de belleza” se deben a la formación de la piedra al interno de rocas metamórficas.

Estas inclusiones y las sutiles fracturas visibles en su interior son llamadas por los expertos en gemología el “jardín” de la Esmeralda, convirtiendo cada una de ella en única y maravillosa.

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